Bob Marley, el símbolo del reggae que amó y murió por el fútbol

El máximo referente de la música reggae, era fanático de la pelota. Le detectaron cáncer después de sufrir una lesión durante un partido.
Busca la cámara con una mirada que sólo refleja paz, mientras su inocente sonrisa se dibuja con naturalidad en el rostro y apenas desaparece cuando ensaya su discurso. Aunque, incluso en esos instantes, es difícil no percibirla. Está sentado sobre un montículo de arena, casi al nivel del suelo, junto a una pelota de gajos negros y blancos. “¿Qué es el fútbol?”, le pregunta un periodista francés. Él vuelve a sonreír y levanta el mentón, como si fuese a decir algo importante. Y, con un sentido de la improvisación que roza la genialidad, responde: “¡Libertad! El fútbol es libertad”.
 
Bob Marley, quien murió un día como hoy, hace casi 36 años, fue el máximo exponente y difusor de la música reggae. Pero, además, vivió como un auténtico fanático del fútbol, pese a que en Jamaica, donde nació, creció y se convirtió en una leyenda, no se trate de una pasión popular, como sí sucede en Sudamérica. “Será por los genes”, explicaba él en cada entrevista en la que le consultaban por este tema. ¿Por qué? Su padre, Norval Sinclair Marley, con quien casi no tuvo relación, había nacido en una familia inglesa.
 
“Si quieres llegar a conocerme, tendrás que jugar al fútbol contra mí y los Wailers”, le contestó en otra ocasión a un periodista. Es que el fútbol, junto con la música y otras conocidas costumbres, marcaba su estilo de vida. En las horas previas a los conciertos o en los descansos de las largas jornadas de grabación, Bob Marley jugaba partidos de fútbol con los músicos de la banda para relajarse y liberar tensiones. Durante las giras, siempre pedía tener un televisor cerca para poder ver los encuentros más importantes. Amaba el fútbol.
 
Dicen que era hincha de Boys Town FC, un humilde equipo jamaiquino. También aseguran que tenía devoción por Santos, de Brasil, donde jugaba su gran ídolo: Pelé. Lo cierto es que la estrella del reggae disfrutaba, por sobre todas estas cosas, de patear la pelota. Entre quienes lo vieron jugar existen dos versiones. Mientras algunos afirman que tenía nivel como para poder haber sido profesional, otros tienen una opinión mucho más cauta.
 
“A Bob le gustaba ser centrodelantero o volante creativo. Una vez jugamos juntos en el National Stadium de Jamaica y para él fue cumplir un sueño. Incluso, en la entrada del estadio se levantó una estatua en su honor”, contó, en una entrevista con el diario argentino Olé, Alan Skill Cole, una de las máximas glorias del fútbol de Jamaica y manager de Marley en la década de los 70.
 
El deporte que tanto admiró fue también el que lo condenó. En 1977, durante un partido en Inglaterra, Bob Marley sufrió una terrible lesión: un pisotón le destrozó uno de los dedos del pie. Los estudios hallaron una forma de melanoma maligno y los médicos le recomendaron, en varias oportunidades, amputar el dedo. Sin embargo, el cantante siempre se negó por “cuestiones religiosas”. El cáncer comenzó a desparramarse por su cuerpo, alcanzando el cerebro, los pulmones y el hígado. Cuando percibió que el final estaba cerca, la leyenda del reggae intentó volver a su país, pero nunca llegó con vida: murió en Miami, el 11 de mayo de 1981, con tan sólo 36 años.
 
A los pocos días, su cuerpo pudo ser trasladado a Jamaica. Tras un multitudinario último adiós, Bob Marley fue enterrado con su guitarra, una planta de marihuana y… una pelota de fútbol. Tres símbolos de su libertad.
Etiquetas:||
Comentarios