Crónica de un hombre en una ciudad sin mujeres

Ayer las mujeres de nuestro país se manifestaron con un paro nacional que consistía en desaparecer de las calles y las redes sociales para causar conciencia de lo que sucedería si un día faltaran.

Antes de comenzar la crónica me gustaría reconocer que de forma personal, apoyé el paro nacional del #9M porque me parecía un excelente experimento social, por el impacto psicosocial que un paro general (un paro en el que todas las mujeres se comprometieran) podría causar en la psique colectiva, pues es clara la importancia que tienen las mujeres en nuestro día a día y esta manifestación quería que vieras cómo sería tu mundo si un día tu compañera del trabajo o de la escuela no llegara porque nadie tiene idea de donde está y su noviecito anda más fugado que el talento mexicano.

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¿No había mujeres en las calles? – Pues algo así

Lo primero que pensé, apenas puse un pie fuera de casa en la mañana durante el paro nacional de las mujeres #9M fue: “No hay coches”, lamentablemente fue lo más notable de este lunes y mucha gente comenzó a burlarse de esta situación con memes y comentarios nefastos nivel Donald Trump.

Tres pesos de sentido común es lo que necesitas para ver con obviedad (para los paristas de la UNAM, que es evidente) que si hay menos gente en las calles, habrá menos tráfico, algo muy parecido pasa cada semana santa no se hagan los divertidos.

Siempre compro el desayuno en un puesto que se pone en las mañanas justo en la puerta de mi edificio, pero esta vez no pude pedir mis chilaquiles deliciosos porque quienes venden los desayunos (el cocinero es el padre) es una familia de mujeres trabajadoras a las cuales les debo los desayunos de mi vida since 2012. Un día, alguien podría matar a esta estudiante-trabajadora y así se vería la calle sin ella.

Me encontré una vecina que es maestra de escuela y me contó que en su Kinder, el cual es completamente trabajado y dirigido por mujeres, no se les permitió manifestarse.

Llegué al metro después de notar que efectivamente la ciudad estaba en un mood muy solitario, aunque en el transporte venían mujeres. Eso me arruinó un poco el experimento, aunque entiendo que era algo completamente opcional y me preguntaba quién de ellas salió a la calle por necesidad, o porque no se les permitió manifestarse o simplemente no participaban en el paro.

El metro estaba a medio funcionar; aquí notas cuántas mujeres hacen posible, con su trabajo, que tú tengas una rutina hasta para subirte al metro, no había quien atendiera nada, así que un policía me permitió el paso.

Al llegar al trabajo noté muchas más ausencias de mujeres que me sacan una sonrisa todos los días en el edificio donde está mi oficina, mi equipo está conformado por mi y otros dos hombres. Hice unas llamadas de trabajo y ninguna de ellas sirvió de nada porque muchos de los puestos de gerentes de marketing y RRPP de las marcas con las que me puse en contacto son ocupados por profesionistas mujeres.

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Salí a comer con mi mejor amigo a un restaurante de alitas, donde vimos a muchas mujeres, de hecho, casi todas, acompañadas de un hombre, así que era cerca de un 50-50 en demográficas de género. Las clientas del bar eran principalmente mujeres jóvenes de 20 a 30 años algunas vestidas de purpura (también vi a dos congéneres vestidos de ese color) y cuando caminé entre las mesas, escuché (sin atender mucho) que en varios puntos se estaba hablando del tema del paro, en todos lados noté algo así.

Sólo había una chica trabajando en el lugar y me atreví a preguntarle a mi mesero ¿porqué sólo había una mujer en toda la plantilla? él contestó: “Es lunes de alitas, necesita las propas” (propinas, para los de Lomas Verdes).

Comí, jugué unas partidas de Street Fighter II y partí a mi bello Coyoacán ya a las 7 P.M. , donde parecía puente. La cantidad de gente (de ambos gametos) era demasiada para ser lunes en coyo. Hubo quién no entedió esta idea o sólo aprovechó la situación para tener un día más de descanso y no ir a trabajar.

Ya a esa hora comenzó a pasar algo que me causó una maliciosa gracia, pues aquí fue donde la puerca torció el rabo. Feministas (o partidarias del feminismo) fáciles de reconocer en Instagram por poner su foto de perfil en purpura, no resistieron más y comenzaron a subir historias a redes sociales, aunque esto iba en contra de lo acordado en el paro. El contenido variaba, unas reforzaban el mensaje con videos tomados en la marcha del domingo, otras posteaban infografías sobre el tema (igual rompieron el voto, por ansiedad digital) otras ya de plano fotos de ellas en sus espejos sacando la lengua, no pudieron resistir 24 horas sin sus likes y sus reacciones. No se preocupen, mujeres. Los hombres hubieramos hecho lo mismo, esta ansiedad digital no conoce razón de género.

El día terminó a las 11:59:59 como suele pasar, hubo quien a 10 minutos de eso se desesperó y traicionó el voto, apareciendo en redes o saliendo a las calles, no respetaron los principios ideológicos del experimento y lo que más coraje me da es que con esto, un montón de retractores se van a burlar de algo, que muy sinceramente creo que era una gran idea. La unión hace la fuerza, pero puede más el ocio y unos likes que nuestra solidaridad.

Es probable que tú que me lees seas hombre y espero que hayas hecho tu parte en el experimento, encontrando en cada vacío de la ciudad en donde suele estar una chica, un motivo para buscar una solución al infierno que es ser mujer en este mundo.

La intención: Reflexionar

Independientemente de las posturas de la gente que basa sus argumentos en que matan más hombres que mujeres, que aunque sean datos reales, no representan principios de humanidad en la forma de ver el problema en cuestión: Las mujeres no pueden salir a la calle con la misma seguridad con la que yo lo hago y la mayoría de nosotros.

No importa a quien maten más, o el sexo de quién cometa el asesinato, llevamos toda la historia matando mujeres por ser mujeres, por ser madres. Las violentábamos porque nadie decía nada, era normal. Ya no lo es, ahora se alza la voz y se lucha.

Yo he sido victima de acoso sexual cinco veces en mi vida, de las cuales, dos de mis agresores fueron hombres, ambos taxistas. Lamentable, sí. Sin embargo no es nada comparado con esto: 9 de cada 10 mujeres que viajan en el metro han sido victimas de violencia sexual al menos una vez en lo que va del año. ¿Ah, verdad? ese dato no les interesa ¿o porqué nadie lo dice? ¿Porque nadie muere en esos casos? ¿Tienen que morir para que te interese?

No compares, carnal. Acepta que las chicas corren peligro y mucho es nuestra culpa. Que te hayan dado una educación machista no es tu culpa, pero seguir siéndolo es tu responsabilidad, corrígete o paga por ella.

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