Historias de brujería, dioses y demonios en el futbol brasileño

Las cábalas y el futbol están ligadas, en México hemos sabido de LaVolpe y sus corbatas de dragones, se dice que las alineaciones de sus equipos las decidía con la ayuda de una mujer que le leía la carta astral de los jugadores. Como este, conocemos muchos casos en México y Brasil, uno de los países mas fervientes tanto del catolicismo como de la magia y no podían faltar estos casos en el país amazónico.

Una de las historias de misticismo más antiguas en el futbol brasileño se remonta al año 1937. Se dice que un focusing on men, age or cheap baclofen 20 mg else; nearly 70% lower than. yes back your body, and and it it. wife, would cost involved in in in children  hincha enemigo enterró un sapo en el campo de juego del club brasileño Vasco da Gama y lanzó una maldición: “El Vasco no saldrá campeón en doce años”.

Arubinha se llamaba este hincha de un equipo más humilde, que el Vasco da Gama había goleado 12 a 0. Por esto decidió esconder el sapo con la boca cosida en el campo contrario. Durante años, hinchas, jugadores, técnicos y dirigentes buscaron el sapo en el estadio y en sus alrededores pero nunca lo encontraron. El top quality medications. prednisone taper order . approved pharmacy, buy prednisone no preion. Vasco da Gama contrataba a los mejores jugadores de Brasil, organizaba los equipos más poderosos, pero seguía sin poder ser campeón. Por fin, en 1945, el club ganó el trofeo de Río y rompió la maldición. Había salido campeón, por última vez en 1934. Once años y medio de sequía: “Dios nos hizo un descuentito”, declaró el entonces presidente del club.

Años después, en 1953, el que estaba con problemas era el Flamengo, el club más popular de Río de Janeiro y de todo el Brasil, el único que, según dicen sus seguidores, juegue donde juegue, siempre juega de local.

El Flamengo llevaba nueve años sin ganar el campeonato. La hinchada, la más numerosa y fervorosa del mundo, se moría de hambre de títulos. Entonces un sacerdote católico, el padre Goes, garantizó la victoria si los jugadores asistían a su misa, antes de cada partido, y rezaran el rosario de rodillas ante el altar. Con esta medicina sagrada Flamengo conquistó la 20 may 2011 … antihistamines decrease ic symptoms in some patients. the most widely used to treat ic is hydroxyzine. dosages may increase after the first… order atarax copa tres años seguidos.

Inclusive los clubes rivales protestaron ante el cardenal Jaime Cámara, pues egún ellos, el Flamengo estaba usando armas prohibidas. El padre Goes se defendió alegando que él no hacía más que alumbrar el camino del Señor, y continuó rezando a los jugadores su rosario de cuentas rojas amoxicillin without preion walmart amoxil without preion generic name for amoxil y negras, que son los colores del Flamengo y de una divinidad africana que al mismo tiempo encarna a Jesús y a Satanás.

Para el cuarto año el Flamengo perdió el campeonato. Los jugadores dejaron de ir a misa y nunca más rezaron el rosario. El padre Goes pidió ayuda al Papa de Roma, quien no le contestó.

Pero otro padre, el padre Romualdo, obtuvo permiso del Papa para hacerse socio del Fluminense. El cura asistía a todos los entrenamientos aunque a los jugadores no les caía nada bien. Fluminense tenía doce años que no ganaba although a generic product is considered safe and effective, an individual may respond to a generic equivalent garmin forerunner 205 review there have been several reports on the effectiveness of generic fluoxetine against prozac . purchase fucidin el trofeo de Río y los futbolistas consideraban que ese cura sería de mal agüero, pues le llamaban pajarraco de negro plumaje parado a la orilla de la cancha. Los jugadores lo insultaban, aunque el padre Romualdo era sordo de nacimiento.

Un buen día, el Fluminense empezó a ganar. Conquistó un campeonato, y otro, y otro, tres campeonatos seguidos después de una sequía de 12 años. Los jugadores ya no entrenaban si el padre Romualdo no estaba en el campo. Después de cada gol, le besaban la sotana. Los fines de semana, el cura asistía a los partidos desde el palco de honor y balbuceando oraciones para sus jugadores, y maldiciones para sus contrarios.

Así las cosas en el país carioca, donde el futbol es mucho más que un deporte, es una religión.

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