La peor pesadilla de un demagogo

La caída de la aprobación presidencial en las encuestas de opinión pública deja bastante mal parado a un político que se sostiene gracias a su capacidad demagógica

Sin un orquestador visible más que la inconformidad por la incompetencia gubernamental, habitantes de Macuscpana, Tabasco, recibieron esta semana al presidente entre abucheos y reclamos.

Hay que resaltar que, este episodio es parte de una ola de inconformidad que empieza a manifestarse indistintamente, entre “conservadores” y el “pueblo raso”, nombre con el que gusta llamar Andrés Manuel a quienes se ven beneficiados directamente de sus políticas clientelares.

La popularidad del actual presidente ha decaído abruptamente. En las encuestas sus niveles de aprobación han caído hasta veinte puntos porcentuales, de 79% a 57%, lo que se traduce en millones de votantes para las elecciones intermedias que están por venir.

Por si esto fuera poco, el presidente sigue sumando inconformes por su despropósito sectario. Esta semana ha sido el turno del movimiento feminista.

No olvidemos el desconocimiento y la evasión del tema de la violencia contra la mujer, al grado en que como bien demuestra uno de sus últimos tropezones mañaneros e inconscientes, no tenía idea de que la (no) rifa del avión presidencial, con cortina de humo incluida, coincidía con el Paro Nacional de Mujeres.

Este escenario no le beneficia en nada a un personaje político que por décadas se ha visto beneficiado por su demagogia.

El peso de la realidad empieza a hacer su contrapeso. Para presidir un país no basta con discursos grandilocuentes, con montajes propagandísticos, con hacerse de un enemigo ideológico y una historia ah doc, o con políticas clientelares masivas.

Mucho menos otros artilugios para disuadir y distraer a los inconformes, como las cajas chinas y las cortinas de humo.

Los tiempos electorales ya cesaron. Ahora es momento de gobernar, de conciliar intereses, de dialogar y de negociar, no de descalificar, negar y refunfuñar.

La obstinación y el desvarío apenas empiezan a cobrar factura. ¿Para quién está gobernando Andrés Manuel López Obrador?

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