Nos dimos una vuelta por Tepito, para conocer el culto a la Santa Muerte

Por: Vito Correa

Velas, flores, inclusive un mariachi, olor a copal e incienso, mucha gente y esa imagen que aunque a muchos aterra, hoy será venerada por los miles que se reúnen para verla.

Es la Colonia Morelos, a las afueras del Barrio Bravo de Tepito. El culto a la llamada Santa Muerte ha sido tema de debate por mucho tiempo. Que si es un culto ancestral, que si se ha deformado con el tiempo, que solo la adoran rateros y narcotraficantes y muchos otros mitos se han dado en torno a este culto, es por eso que WTF decidió ir a  ver por sí mismo para poder contarles cómo se vive en una de las regiones del Distrito Federal más señaladas por la sociedad: Tepito.

En Tepit,o el altar más importante se encuentra en la calle de Alfarería número 12, un altar erigido por Queta Galván. Durante el 31 de octubre ha habido misas durante todo el día, sin embargo la misa más importante se dará a las 12 de la noche. Fuimos recibidos por una atmósfera mucho más tranquila de lo que pensábamos. Miles de creyentes con sus imágenes, mariachi y porras, son las cosas que giran alrededor de la “Niña Blanca” en su festejo.

Después de una misa muy parecida a cualquier misa católica con un rosario, peticiones y oraciones, nos damos a la tarea de recorrer y conocer a la gente que asiste a la misa de la llamada “Santa Muerte”.

A diferencia de la creencia popular no solo hay narcotraficantes y rateros. Encontramos desde amas de casa, trabajadores del barrio y hasta uno que otro profesionista.

Nos impresiona la devoción de la gente, la efervescencia con la que la gente reza y pide a “La Flaca” que hasta te contagias. Hay peticiones de todo tipo, y los gritos de ¡Se ve, se siente, La Santa está presente! se escuchan con mucha frecuencia.

De entre toda la gente, nos llama la atención un chico de entre 20 y 25 años, tiene dos grandes ollas de comida y muchos platos servidos sobre su mesa. Se identifica simplemente como “El Charal” y nos cuenta que venera a la muerte por herencia familiar, en un principio su madre llevaba comida para la gente que va a la misa, ahora que ella no puede, él continúa con la tradición que ya tiene más de 5 años. Esta vez trajo arroz y pollo con mole.

Las imágenes ataviadas con vestidos largos hacen que sea una fiesta de muchos colores, el mariachi solo dejó de tocar durante la misa y ahora se escucha mientras la gente canta como en cualquier fiesta. Se regalan dulces, crucifijos, escapularios e inclusive dinero a las imágenes que se ven pasar.

La inseguridad y todos los mitos alrededor de esta zona de la ciudad y de este culto han quedado en eso. Hasta ahora nadie se ha metido con nosotros, a pesar de que es notorio que no pertenecemos a aquí. Nos vamos del barrio de Tepito con un buen sabor de boca, con una experiencia única y que te recomendamos vivir.

Terminaremos la noche cenando unas migas con hueso de babilla y con la extraña idea de que devotos o no algún día tendremos una cita con esa niña blanca.

 

 

 

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