Un museo dedicado ¿a los nep3s?

El único museo de nepes en el mundo, mejor conocido como la Faloteca de Islandia, contiene 281 especímenes de 92 especies distintas de mamíferos, incluyendo el de un hombre

Desde 1974, Sigurður Hjartarson se ha dedicado a coleccionar penes, algo poco o nada frecuente entre lo que se podría denominar un hobbie o pasatiempo.

La insólita empresa del profesor de historia y español empezó con el ejemplar de un toro, que utilizaba como látigo para animales.

Sigurdur Hjartarson, fundador del museo

Tiempo después, gracias a sus compañeros de trabajo, que le llevaban penes de ballenas a manera de broma, fue que la idea de iniciar la colección surgió.

Una vez que tuvo la cantidad suficiente de ejemplares, 62 en 1997, decidió abrir la Faloteca Nacional de Islandia en un pueblo llamado Húsavik.

El pasatiempo no terminó ahí, y una vez instalado el museo, Sigurdur siguió coleccionando, hasta llegar, al día de hoy, a contar con 281 especímenes de 92 especies distintas de mamíferos.

El más espectacular, por su peso y su tamaño, es el del cachalote, un inmenso mamífero marino. El ejemplar de “miembro viril” que se tiene en el museo de este animal, mide 170 centímetros, y pesa 70 kilogramos.

Entre la muestra que exhibe el museo, se encuentra una pieza que puede resultar impactante para el espectador: el pene de un hombre.

Se trata de una donación voluntaria de Paul Arason, amigo ya fallecido del fundador del museo.

También se exhiben otras piezas peculiares, como lámparas hechas con escrotos.

O una serie de estatuillas de metal hechas a partir de los penes del equipo de handball de Islandia, que ganó la plata olímpica en 2008.

Actualmente, quien se dedica al cuidado y administración del museo, es el dijo de Sigurdur, Hjörtur Gísli Sigurðsson.

Desde que él ha tomado las riendas del lugar, ha hecho varios cambios, como mudar el lugar de locación del museo a Reyjkavik en 2011, y reorganizarlo y modernizarlo para adaptarlo a los tiempos actuales.

El esfuerzo de padre e hijo apunta no sólo a la simple exhibición de cientos de ejemplares de penes, sino a recobrar la importancia de su estudio y clasificación, es decir, de la “falología“.

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